Este informe, elaborado por Cooperación Santa Ana y el Solidarity Research Center, examina las vías hacia una economía regenerativa y equitativa que satisfaga las necesidades de las poblaciones históricamente desfavorecidas y respalde la visión de una economía basada en el cuidado, el poder comunitario y la autodeterminación colectiva.
En él, compartimos historias de las cooperativas de trabajadores del Condado de Orange y exponemos cómo, al centrar la propiedad de los trabajadores y la toma de decisiones democrática, las cooperativas y la propiedad comunitaria son una estrategia para abordar las desigualdades persistentes y, al mismo tiempo, fortalecer la resiliencia económica.
El Condado de Orange, California, no es un lugar equitativo. Las comunidades latinas, asiáticas, inmigrantes y otras comunidades de color enfrentan desafíos desproporcionados en cuanto a la asequibilidad de la vivienda, la movilidad económica y la vulnerabilidad climática, aun cuando forman una parte cada vez más vital del tejido económico y cultural del condado.
A través de amplios foros comunitarios, sesiones de aprendizaje e iniciativas de desarrollo cooperativo, los residentes han articulado una visión clara: una economía basada en el cuidado, el poder comunitario y la autodeterminación colectiva. Esta visión se centra en la labor esencial de quienes brindan cuidado infantil, trabajan en el hogar, son adultos mayores y trabajan en el sector alimentario, especialmente las trabajadoras excluidas que constituyen la columna vertebral de la economía del cuidado del Condado de Orange, pero que son sistemáticamente excluidas de los apoyos económicos.
El Condado de Orange tiene la oportunidad de convertirse en un modelo nacional de desarrollo económico inclusivo y sostenible. Al alinear la inversión pública con las prioridades de la comunidad, eliminar las barreras a la apropiación democrática y priorizar el liderazgo de las personas más afectadas por la desigualdad económica, el Condado de Orange puede demostrar cómo la cooperación se convierte en la base de la vida económica.
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In 2021, California launched Social Entrepreneurs for Economic Development (SEED), an innovative grant program fostering high-road business ownership opportunities for excluded workers (individuals who cannot access stable, gainful employment relationships and whose economic opportunities are severely constrained due to their immigration status or other significant barriers to employment). SEED funded a demonstration project on worker cooperatives, spearheaded by community-based organizations (CBOs) that organize excluded workers in low-wage industries. Through an impressive collaboration between these CBOs (CLEAN Carwash Worker Center, Cooperacion Santa Ana, Pilipino Workers Center of Southern California, and United Taxi Workers of San Diego), and experts in cooperative development (Democracy at Work Institute and L.A. Co-op Lab), SEED propelled the development of worker-owned and led businesses in four historically low-wage, exploitative industries: carwash, child care, homecare, and taxicab.
Significantly, SEED recognized the central role of mission-driven CBOs that mobilize excluded workers, advocate for economic justice, and have deep roots in their local communities—and then equipped the CBOs with the resources, knowledge, and tools they needed to be leaders in cooperative development. Only two years since its formation, the model built through SEED has already taken root as a compelling prototype of public investment in worker cooperatives. In this report, we identify and examine SEED’s key components and highlight some emerging indicators, both quantitative and qualitative, of the model’s considerable potential to transform low-wage work through the creation of worker-owned businesses that center democratic decision-making, higher wages, and good working conditions.
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